Sendas del Riaza

2º TURNO MY AMERICAN LITTLE VILLAGE. DÍA 4

Buenas noches familias.

Nos acercamos peligrosamente al meridiano de nuestro programa y ya íbamos necesitando levantar un poquito el pie del acelerador de cara a atacar la siguiente de nuestras curvas mañana y pasado. Así, todas las actividades del día de hoy han transcurrido en los alrededores de nuestro cuartel general.

Después de reponer fuerzas esta mañana nos hemos dedicado al Baloncesto y era tal el nivel que hemos acabado haciendo nuestro pequeño campeonato internacional. Ejercicio físico y diversión asegurada. Más tarde hemos ido aterrizando con una actividad más relajada. De esa forma hemos estado haciendo nuestras primeras pulseras, intercambiando técnicas y combinaciones personalísimas de colores.

Con el cerebro borracho de colores hemos caído sobre el almuerzo con una voracidad propia de estos cuerpos que son Gloria y a los que lo mismo les da Mamut que Elefante…¡Ay! Cómo se lamentan los viejos profesores de no tener ya estómagos tan agradecidos.

Que no nos hayamos alejado mucho del cuartel no quiere decir que no nos hayamos empleado a fondo en la batalla de la jornada. Y es que la actividad estrella de la tarde no nos ha permitido dormirnos en los laureles…bueno, ni en ningún otro sitio. ¿a santo de qué las prisas? Pues porque teníamos que hacer la presentación acerca de nuestro país y sus costumbres.

De entre todas las presentaciones, fantásticas todas, dejad que nos quedemos con la que nuestro amigo Tumi ha hecho de su tierra natal: Sudáfrica. En poco menos de media hora nos ha abierto los ojos a un país absolutamente desconocido para la mayoría de nosotros. Sudáfrica es, en palabras de nuestro embajador, un crisol de diferentes culturas dentro de un país que ha vivido lo peor y lo mejor que puede mostrar el género humano. Tumi nos ha ayudado a distinguir los diferentes grupos étnicos que, allí, viven en armonía. Hemos conocido el sentido de lo colorido de sus vestidos, de los adornos de sus trajes de gala, nos hemos aproximado a sus platos más tradicionales y, aunque nos ha costado reconocerle, nos hemos detenido en un anciano con aspecto honorable que hizo posible la Sudáfrica que hoy conocemos a través de la voz de uno de sus ciudadanos. Escuchar a Tumi hablar de Madiba, sobrenombre cariñoso para Mandela, es darse cuenta de hasta dónde llega la fuerza inspiradora de un hombre eterno.

 

Reconciliados con el género humano por obra y gracia del Padre de la nación Sudafricana nos hemos lanzado al bosque, después de la cena, en una incursión nocturna que ha de preparar nuestro cuerpo y nuestra mente al vivac que haremos dentro de dos días. El corazón del bosque nos ha regalado un cielo preñado de estrellas, algunas fugaces, que ha sido un simple aperitivo de lo que nos espera. Pero esa, amigos, como decía el camarero del inmortal bar de Irma la Dulce, será otra historia.

 

 

 

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